Perder un examen: Una reflexión acompañada de una cómica narrativa… 

Por: Esteban Mayorga y Ana Fadul  

Apreciadísimo lector: 

Permítanos comenzar este artículo con una corta narrativa que presenta una situación con la que, quizás, ciertos estudiantes se identifiquen… 

Parece una escena del crimen. Todos están de pie, respirando fuertemente, con los brazos sobre la cabeza, lágrimas brotando de sus ojos y sudor de sus poros, todo denotando una extrema situación de angustia y terror absolutos. “¿De qué situación se está hablando?” Se preguntará usted, atentísimo lector. Si no se lo ha preguntado, le daremos unos segundos para que se lo pregunte y podamos seguir con el artículo. 

¿Ya se lo preguntó?

¿Sí?

Maravilloso, entonces podemos continuar. 

Le agradecemos el preguntarnos sobre la naturaleza de una situación como esta, que solo se ve tras el evento de una catástrofe sin precedentes. ¡Pues permítase saber, ávido individuo, que le estamos hablando de una situación que usted seguramente ha experimentado muchas veces a lo largo de las muchísimas aventuras de su maravillosa e interesante vida! Le estamos hablando de ese momento en el que su maestro, de cualquier materia, tuvo la idea de usar ese espacio de clase para devolverle ese examen. Usted sabe de qué tipo de examen le estamos hablando. Ese examen 

Desde el momento en el que vio a su profesor atravesar la puerta del salón de clase con un montón de papeles (de los de reciclaje que usamos en el colegio), usted comenzó a sudar como si sus poros fueran volcanes. Sus manos comenzaron a temblar como si tuvieran fallas geológicas propias. Su percepción de la realidad se trastornó, pues ahora sus uñas se le asemejan a un delicioso confite que usted muerde con voracidad.  

El docente pasa los exámenes lentamente. Se toma su tiempo separando cada papel del montón y colocándolo suavemente sobre el pupitre de sus compañeros, algunos de los cuales tienen una reacción que expresa una sensación muy similar a la que usted siente cuando el maestro deja caer la hoja de papel reciclado sobre la madera de su escritorio: su vida entera se acaba de desplomar. 

Y a partir de este momento, el aula de clase se convierte en esa escena del crimen que describimos al inicio de este artículo… 

Todos hemos enfrentado la situación de perder un examen. El estrés de que el profesor entre al salón con una pila de exámenes, acompañado por la sombra de la incertidumbre que a todo examen identifica: la nota. Cuando sabes el resultado piensas que es el fin de tu carrera escolar, pierdes la materia, después el año, y ya no hay ninguna forma de resolver el problema en el que te encuentras. Aunque estos sean los sentimientos iniciales después de conseguir el resultado, es una situación que se puede resolver. Los exámenes, aunque intenten medir el conocimiento sobre una temática, no son un sistema perfecto, y es totalmente posible comprender el tema, por no pasar el examen.

Así que en este periodo siempre debemos recordar que los exámenes no nos definen como personas, y perder uno de ellos no va a cambiar nuestras vidas. El fin de esta edición de The Dragon Post es el de brindar el apoyo de todo nuestro equipo a los estudiantes de esta comunidad, y darles consejos para que no pasen por momentos así durante la época de exámenes. 

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