El Diplomado de improvisación teatral ofertado por el programa de Arte dramático de la Universidad El Bosque ofrece posibilidades valiosas y significativas para el trabajo en pedagogía y se convierte en una oportunidad para muchos profesionales del campo de la educación cuya convergencia es un concepto de formación no tradicional, innovador, flexible y adaptable a las nuevas necesidades y demandas de los estudiantes del siglo XXI.1
Por: María Mercedes Henao Cárdenas
Cuando se piensa que dos disciplinas pudieran ser complementarias, se podría temer una invasión de las fronteras de acción de cada una de ellas. Sin embargo, tomando en perspectiva tal presunción, es posible que la retroalimentación entre las mismas brindara resultados positivos y pertinentes. La pregunta, ¿cómo aporta la improvisación teatral adaptada a la pedagogía en el trabajo del consejero escolar? , podría ser la puerta de ingreso a esta nueva perspectiva de trabajo. Para responderla, debemos iniciar definiendo brevemente cada una de ellas.
La improvisación teatral adaptada a la pedagogía se entiende como una disciplina que requiere de práctica y aplicación frecuente, una metodología de juego creativo, con cierta orientación, que un educador (no solo un docente) puede utilizar en su proceso de enseñanza como medio para crear un vínculo afectivo con su estudiante; un vínculo más profundo que el que genera una relación de intercambio de conocimientos y que, a su vez, produce un aprendizaje significativo y arraigado para la vida del estudiante. Así, su impacto se presenta en los niveles cognitivo, emocional y relacional. Por otra parte, la psicología es una disciplina que estudia la conducta y el comportamiento humano, así como sus procesos mentales y emocionales.
Un psicólogo escolar procura describir y explicar el comportamiento y la conducta de los estudiantes, su pensamiento, sentimientos y percepciones; actúa como un asesor de ellos, de los docentes, directivas y padres de familia; orienta acciones y decisiones, desde preguntas auténticamente curiosas hasta circulares, e intenta hallar las respuestas que cada uno de los actores de la comunidad educativa puede generar, considerando como punto de inicio la posibilidad humana de creación, construcción y reconstrucción de su propia historia; es ahí donde su labor se convierte propiamente en consejería sin realizar terapia clínica.
Con todo lo anterior es posible empezar a notar la existencia de aspectos en común entre ambas disciplinas: la conexión emocional, la construcción conjunta de conocimiento, la interacción y colaboración, la aceptación de lo que el interlocutor expresa, así como el juego de percepciones mutuas que determinan un camino por recorrer.
El Diplomado de improvisación teatral ofertado por el programa de Arte dramático de la Universidad El Bosque ofrece posibilidades valiosas y significativas para el trabajo en pedagogía, que justamente, resulta adaptable al campo de la consejería escolar. El Colegio San Jorge de Inglaterra ha puesto en marcha una experiencia de consejería escolar a la luz de la improvisación teatral. Eh aquí la experiencia: se inscribieron veinticinco participantes en el Diplomado. La intención común de ellos era aprender sobre el tema para renovar el acercamiento y trabajo con los estudiantes, y buscar alternativas para realizar un abordaje pedagógico innovador y significativo a la vez.
Desde el primer momento, resultó interesante la conjugación de profesiones puesto que, con diversos conocimientos y múltiples puntos de vista, el ejercicio se fue enriqueciendo y fue adquiriendo matices muy favorecedores. El proceso se podría resumir en algo como “formar más allá de educar”.
Descubrir el equilibrio del proceso enseñanza-aprendizaje requiere compartir conocimientos conceptuales, conocimientos de vida, vincularse con la vida de otro ser humano, comprender en él necesidades nuevas, descubrir su vida desde la perspectiva que la presenta y no desde la que se quiere ver por los prejuicios propios, es aprovechar la seguridad que brinda un juego semiorientado, pues libera las tensiones y favorece la escucha activa para entender otras realidades, más allá de la propia. Es tomar los beneficios de la seriedad del juego para aprender a recorrer caminos desconocidos y construir mejores perspectivas de vida.
Máximas de vida, historias y moralejas construidas desde la experiencia
El ser humano, que resulta tan complejo, maravilloso y profundo, ha sido comprendido a partir de siete dimensiones: la corporal, la afectiva, la cognitiva, la espiritual, la ética, la comunicativa y la social. Una visión pedagógica (escolar, puntualmente), limitada a atender estas facetas de forma no integrada, desconoce la pluripotencialidad con la cual cuenta cada sujeto y puede llevar a limitar el desarrollo que cada quien reconoce de sí mismo. Es de esta forma como, quien enseña6, tiene la responsabilidad de orientar el conocimiento cognitivo que brinda y/o construye con su estudiante, y al mismo tiempo, de formar un vínculo afectivo que haga significativo el aprendizaje a través de herramientas como la estimulación corporal y el movimiento, por ejemplo. De igual forma, quien enseña se hace cargo de la transmisión de valores, la formación de competencias para la vida y la trascendencia a través del reconocimiento de su ser social y de su capacidad de servicio hacia los demás; todo ello solo es posible si se integran holísticamente aquellas dimensiones de forma consciente y decidida.
En el día a día de la formación de personas, la tarea predominante de “saber”, las responsabilidades y el “dar cuenta de”, en un contexto de “alto rendimiento” puede resultar importante y hasta pareciera esencial por las imposiciones. La tarea no debe ser predominantemente del saber cognitivo, sino que debe integrar múltiples opciones de aprendizaje con las que se facilite en el estudiante el posterior desarrollo de la dimensión, faceta o habilidad que él mismo elija.
Frente a esta limitada visión que lamentablemente se da en la formación de niños, niñas y adolescentes, la flexibilidad de la improvisación teatral facilita esta comprensión y acuna cualquier opción humana de decisión.
A su vez, redirige la mirada a todas las dimensiones y da el tiempo y lugar para que cada quien aprenda a vivir cada una de sus dimensiones, pueda preferir alguna, tomar de ella lo que necesite y la rescriba en su historia personal. Este ejercicio es el que también se pretende fomentar desde la consejería escolar.
Desde la perspectiva de la improvisación teatral, no existe la mejor forma de hacer algo, sino la forma propia de hacerlo desde la mejor versión de uno mismo.
Desde aquí se puede conectar de forma más precisa la utilidad de la improvisación teatral adaptada a la pedagogía, más específicamente, en la labor del consejero escolar. Desde la práctica de la consejería escolar, la aceptación propia de la esencia y del ser es vital y, desde la improvisación teatral, la disposición, la apertura a escuchar y construir a partir de lo que la vida brinda. Al final, estas son visiones que se complementan. Teniendo en cuenta lo que Patricia Ryan Madson (2005), propone en su libro Improv Wisdom, menciono algunas máximas7 que permiten comprender de forma más precisa el complemento de las visiones mencionadas:
• Primera máxima: “Di Sí” (p. 27).
La primera de las máximas es una invitación a la apertura, a la novedad, a la construcción y al aprendizaje mutuo del potencial de la elaboración conjunta pues decir “sí” conecta a las personas, abre oportunidades para nuevas aventuras, crea confianza, construye, es un acto de valentía y optimismo. Por supuesto, no es un “sí” irresponsable, irracional o peligroso. Es una puerta a la cual recurrir cuando el repertorio frecuente de quien consulta incluye el “no” y el “pero” que resultan limitantes en su propio desarrollo o liberación de situación de conflicto.
• Segunda máxima: “No te prepares” (p.35).
Desde esta se busca estar en el aquí y en el ahora, pues es lo que en realidad tenemos. El pasado ya pasó y nos dejó sus enseñanzas, el futuro aún no existe y lo construimos desde el hoy y desde lo aprendido.
El hoy tampoco lo conocemos y por ello, ser flexibles en nuestro comportamiento y actitud, nos permite disfrutar de cada regalo recibido en el presente: una sonrisa, el apoyo de alguien, un buen consejo, una nueva idea, un plan novedoso…
Es reconocer que si todo se planea, no será posible escuchar activa y realmente a la persona que trae su preocupación, pues se requiere de la escucha auténtica para entender el presente de quien consulta. Así lo planteó Ryan (2005, p. 35) citando a Lao Tse y Tao Te Ching: se necesita que las personas se liberen de lo propio, se reconozcan en sus juicios y humanidad para recibir la humanidad del otro en la dimensión que esta llegue.
• Sexta máxima: “Presta atención” (p.67).
La atención es el proceso de aplicación voluntaria de la actividad mental o de los sentidos a un determinado estímulo que se nos presenta. Bajo esa premisa, la vida es de atención, de identificar los detalles de los lugares, escuchar a las personas, la música, a los animales; reconocer los olores y colores del entorno, palpar y saborear todo cuando vivimos.
En este principio se invita a ser un detective para nuestro consultante8 desde todos los sentidos del cuerpo, retomar una infancia curiosa donde nos sorprendíamos por cualquier novedad, movimiento, sonido u olor o por lo que cotidianamente nos encontrábamos, mirándolo de manera detenida a pesar de lo común que pudiera resultar en nuestro día a día.
Es una propuesta valiosa porque nos permite atesorar momentos que no se van a repetir y que podremos advertir por el solo hecho de hacer consciente nuestra atención. Permite al consultante redescubrir el valor y riqueza en su vida.
• Décima máxima: “Por favor, comete errores” (p.103).
Vivimos en una cultura en la que los errores son vistos en su mayoría como desgracias, atrasos, pérdidas de tiempo, incapacidad mental y son un síntoma claro de poca inteligencia y sentido de adaptación. Sin embargo, los errores son para el sistema nervioso central, en especial para el cerebro, las señales de aviso para ajustar una acción determinada en la que estén vinculados tanto los pensamientos como los movimientos (Parrado, 2017, s.p.).
Los errores son entonces una nueva oportunidad que cada uno de nosotros tiene para crecer y reorientarse frente a una situación o actuación precisa, un regalo acompañado en ocasiones, de frustración, de posibilidad y de reestructuración, que siendo aceptados, crean fortaleza de carácter, de decisión, creatividad y resiliencia.
Cometer errores, que son cuestión ineludible en nuestra naturaleza humana, es posiblemente una de las tareas más complejas y demandantes emocionalmente, pero a su vez, enriquecedora. Debemos entrenarnos en el manejo de ello, y qué mejor oportunidad para hacerlo en el quehacer del orientador escolar, en conjunción con la improvisación teatral.
El lugar de encuentro entre las dos disciplinas
Dicho lo anterior, se hace posible entender la improvisación teatral como un medio para que el consejero escolar realice un proceso metacognitivo, que implica su propia persona, su historia, la comprensión de sus procesos cognitivos y, desde la perspectiva del constructivismo, para que construya información a partir de la experiencia y el conocimiento adquirido. Adicionalmente, su implementación permite el desarrollo de actividades y dinámicas que favorecen la liberación de emociones que la racionalidad no permite, invita a abrazar el error como una oportunidad de crecimiento y reconstrucción, al igual que favorece la aceptación y tolerancia de la diferencia, lo que en un contexto de asesoría redunda en opciones prácticas para los consultantes. A su vez, favorece la concienciación de las dimensiones del ser, del hacer y del saber que brindan autenticidad al actuar de cada quien.
Por otro lado, en la construcción e implementación de programas de educación sexual, competencias para la vida, valores, proyecto de vida y programas de prevención, es una técnica que favorece ampliar posturas y facilitar la adquisición de conocimientos teóricos, y lo más valioso, vincularlos con prácticas saludables.
Por todo lo anterior, la improvisación teatral es una herramienta pedagógica para la práctica de la consejería escolar que le aporta flexibilidad y adaptación. Sin duda, el crecimiento personal y profesional del formador bajo este enfoque redunda en una interacción de aprendizaje favorable y enriquecedora debido al marco de respeto y escucha activa en el cual se da, sumado al dinamismo, la lúdica, la creatividad, el movimiento, la construcción de conocimiento y la enseñanza práctica de valores y competencias para la vida, que resultan ser el fin de la educación integral necesaria para el siglo XXI.
Referencias
Nachmanovitch, S. (2004/2013). Free Play: La improvisación en la vida y el arte. (Alicia, S.) (Trad.) Buenos Aires: Ed. Planeta.
Ryan P. (2005). Improv Wisdom: Don´t prepare, just show up. New York: Bell Tower. Versión Kindle.
Parrado, C. (2017). La Psicología de los Errores. Disponible en: http://www.crearfuturoglobal.com/la-psicologia-de-los-errores/
7 El título de cada máxima es el dado por Madson, su explicación y desarrollo es mi interpretación.
8 Entiéndase por consultante la persona que busca al consejero escolar (estudiante, padre de familia, docente o directivo)
Pagos en Línea 


































































